Las “ruinas arqueológicas” de Teotihuacán

#SoyViajero

— Rodrigo Ferro Ruiz —

La frase con la que quiero empezar este breve relato sobre Teotihuacán es de mi amigo Luis Guillermo, quien me hospedó en Ciudad de México.

es un error llamar ruinas a las zonas arqueológicas, ¡están enteras!.

Foto por MMD

A sólo 45 minutos en bus de la Ciudad de México se encuentra la zona arqueológica de Teotihuacán, una joya de la historia y de la arquitectura mexicana.

Es fácil llegar: usted se dirige a la central de buses (allá los llaman camiones) del norte, en Ciudad de México, y en el penúltimo cubículo de la zona/sección 8 compra su tiquete por la módica suma de 100 pesos mexicanos (el equivalente hoy a unos 5 dólares).

A esta central de buses puede llegar en metro (la estación queda literalmente al frente) y este tiquete le costará sólo 5 pesos (unos 25 centavos de dólar).

“Ni se le ocurra ir sin pesos mexicanos porque en la central de buses no reciben dólares”.

Sólo las empresas de transporte “grandes” le reciben USD, la de Teotihuacán se autodenominó “chica” de acuerdo con la expendedora de tiquetes… ahh y tampoco hay una sola casa de cambio en el lugar; si desea cambiar lo invitan a viajar hasta el aeropuerto…

Foto por MMD

Una vez está usted en el bus, el viaje es tranquilo y por una buena vía. Puede observar a los lados lo que se conoce como Estado de México: un conjunto de casas pintorescas que limitan con la capital.

Un dato curioso es que el viento sopla hacia Ciudad de México y, con él, lleva todo el smog que aparece en cada fotografía panorámica de la ciudad, lo que significa que aquí el cielo es azul.

El bus se detiene en el pueblo de Teotihuacán y hace su tercera parada en la entrada de las pirámides. En general la gente es muy amable y atienden con esmero al turista.

Al entrar a la zona arqueológica hay unos puestos de artesanías locales que, a diferencia de la central de buses, sí reciben dólares. De hecho, la señora a la que le compré un par de cosas da los precios en ruso, chino y otros idiomas, pues tiene anotados los números en un cuaderno que saca cada vez que algún turista que no habla español aparece.

Foto por MMD

“También se puede llegar en carro, por supuesto, y hay parqueaderos”.

Me dijeron que el ingreso es gratuito el domingo, mientras que los otros días cuesta 70 pesos mexicanos por persona, una verdadera ganga considerando la experiencia. En mi opinión, ir un día de pago es más conveniente porque hay menos gente y se disfruta mejor el paisaje.

Desde la entrada se aprecia la pirámide del Sol y tal como me pasó en Machu Picchu, se ve imponente, pero sólo subiéndola se comprueba lo enorme que es.

Primero se descienden unas escaleras para quedar al nivel del suelo y ahí usted ya empieza a notar que la faena será difícil. Bonita, pero difícil.

Me llamó la atención que, a diferencia de Machu Picchu en Perú, estas construcciones están “a la mano” de los visitantes: la gente se sienta, se para, se toma fotos casi sin ninguna restricción, siempre dentro de parámetros que podríamos llamar “normales”.

El ascenso se hace a través de escalones pequeños y empinados. Hay algunos tramos tan inclinados que muchos visitantes se quedan sin aire (y no son propiamente mayores de edad) al punto que continuan subiendo acurrucados, es decir, apoyados también en sus manos cual pies.

Le escuché a un guía decir que son 243 metros

Subir por tramos es lo recomendable para su salud y también para ir disfrutando la vista.

Una vez arriba, podrán imaginar la panorámica, se aprecia todo el complejo, repleto de pirámides y construcciones que en otros tiempos fueron viviendas, templos, bodegas y un largo etcétera. Es simplemente, indescriptible con palabras. Enorme. Grandioso. Increíble.

“Lleve gorra y/o sombrero porque el sol es inclemente”.

Para recorrer el complejo se necesitan un buen par de tenis, ropa cómoda y varias horas. Algunos dicen que una vez subes a la pirámide del Sol ya las subiste todas, pero algunas construcciones merecen el recorrido (aunque no a todas se puede acceder).

A lo largo del complejo encontrará puntos de información que contextualizan la historia, y también vendedores ambulantes que hacen ruidos de jaguares y pájaros con ocarinas e instrumentos similares. No sé si fue mi impresión, pero a medida que pasa el día estos objetos van bajando de precio.

Si tiene 100 dólares de sobra, puede ver el complejo desde un globo aerostático. Con seguridad la vista será espectacular.

Puede interesarle leer vuelo en globo sobre las piramides de Teotihuacán.

Luis Guillermo me dijo que no cree en que el lugar tenga una energía especial, él dice que la energía de un lugar es la que llevan sus visitantes y puede que tenga algo de razón. Le puse mucha energía positiva a este lindo lugar que me enseñó que la civilización se inventó hace mucho, mucho tiempo. Y hablando de civilización, recomiendo no mascar chicle porque con lo exhaustiva que es la caminata termina saliéndose de la boca y dañando el paisaje y las pirámides mismas.

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