¿Y qué tal ser capitán y pilotear un bote? en Aruba es posible

Una de las ventajas innegables de mi trabajo es que me permite conocer personas con las que de otra manera sería muy difícil entrar en contacto. También me ha llevado a viajar a destinos que, sin importar cuántas veces haya visitado, siempre ofrecen un encanto especial.

Este es el caso de Aruba, una isla a la que por primera vez llegué en 2006. En esa ocasión descubrí sus playas de arena blanca tan suaves como el talco; visité una granja de avestruces y me paré, sin que se rompiera, sobre un huevo que había puesto una de estas aves.

También probé los quesos holandeses, que se consiguen en Aruba tan fácilmente como los rayos del sol del Caribe. Desde entonces he regresado varias veces a la ‘isla feliz’, que me sorprende una y otra vez con sus paisajes áridos adornados con rocas, pequeños arbustos y cabras blancas.

Lo que no había hecho en Aruba fue algo que no tenía planeado y que, como suele ocurrir con aquello que no se programa con antelación, resultó ser una experiencia muy divertida. Hace poco manejé un bote frente a la costa sur de la isla, a pesar de que remar en un kayak había sido hasta el momento lo más parecido a guiar mi propio barco sin ayuda de nadie.

Conozco muy poco de motores. Escasamente sé dónde queda el tanque de gasolina de un carro y entiendo que es necesario ponerle aceite de vez en cuando para que no se funda. Sin embargo, en Aruba me sentí cómodo pilotando una embarcación por mi propia cuenta. Iba de pie aferrado al timón, que es como el de un automóvil, y aceleraba y reducía la velocidad con una palanca ubicada a la derecha del tablero de mando.

Por supuesto, soltarle un bote a cualquiera sería algo irresponsable si no fuera porque los amigos de Around Aruba Tours se aseguran de contar con guías expertos que además de saber a la perfección cómo funcionan los botes son capaces de transmitirles ese conocimiento a los turistas.

La experiencia fue excelente desde el comienzo, cuando el guía que me asignaron, Arjaen Martínez, me indicó cómo funciona la palanca que hace que la lancha ande. Solamente hay que saber que al desplazar el mando hacia arriba (marcado con una F de Forward) la embarcación comienza su marcha. Al poner la palanca en neutro (N), en el centro, el motor sigue encendido pero no se avanza en ninguna dirección; y al ponerla en reversa (R) es posible ir hacia atrás.

También es clave saber cómo subir y bajar el motor para que entre y salga del agua, algo que se hace oprimiendo un botón. Es esencial seguir siempre el bote del guía, pues es él quien sabe dónde el nivel del mar es bajo y se corre el riesgo de chocar con los corales.

Arjaen estuvo atento todo el tiempo para evitar que fuéramos golpeados por jetskis y otras lanchas, y para asegurarse de que no arrolláramos a ningún nadador.

El paseo lo comenzamos frente a la playa del hotel Marriott, en Palm Beach (donde están ubicados los hoteles de varios pisos – high rise -), y llegamos hasta Mangel Halto, en el suroriente de la isla, donde el agua es de un azul claro intenso. En la ruta vi el cambio de los colores del mar de Aruba, que varían entre el azul profundo, el verde, el violeta y el turquesa.

De regreso, al igual que en el trayecto de ida, sólo tuve que seguir la estela que dejaba el bote de Arjaen. A mi izquierda el sol de la tarde comenzaba a hundirse en el horizonte y a mi derecha veía a algunos pescadores que, montados en lanchas pequeñas, se alistaban para la faena del final de la jornada. Así, con el viento en la cara y una sonrisa imborrable, terminaba un día más en Aruba.

Informes: Around Aruba Tours. (297) 5935363, (297) 5615452; www.aroundarubatours.com

*Invitación de la Oficina de Turismo de Aruba y Aruba Convention Bureau.

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